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    EN DIÁLOGO

GRITO DE LA TIERRA 2011

Con Maria Elenice Anastácio

Tierra, educación, créditos y asistencia técnica: la clave de la permanencia juvenil

en el campo

 

Maria Elenice es secretaria de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras Rurales de la Confederación Nacional de Trabajadores en la Agricultura (CONTAG), e integró la delegación que mantuvo una audiencia con la presidenta Dilma Rousseff. Luego del Grito da Terra dialogó con Sirel sobre la situación de la juventud en la actual coyuntura del país.

 

-¿Cuál es la situación de la juventud rural en Brasil?

-El gobierno define como jóvenes a las personas entre 16 y 29 años, lo que determina que, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en Brasil hay 50 millones de jóvenes. De ellos, 8 millones están viviendo en el campo.

 

Pero el IBGE considera en esta categoría sólo a quienes habitan estrictamente en el medio rural, en las comunidades, y deja de lado a quienes viven en los pequeños municipios agrícolas, incluso a los que viven en pequeños centros urbanos pero trabajan en el campo.

 

Si usamos el concepto nuestro de juventud -hasta 32 años-, y tenemos en cuenta los asalariados rurales que viven en las periferias de las ciudades, los acampados que reclaman tierra y otras categorías que las estadísticas oficiales no consideran, veremos que actualmente son 20 millones los jóvenes que viven en o del campo.

 

Los gobiernos, ya sea el federal o los estaduales y municipales, no ven esta realidad y la necesidad de políticas específicas para este sector que es fundamental para el desarrollo y el futuro del país, así como en el combate a la pobreza.

 

-¿Cuáles son sus reivindicaciones dentro de la pauta del Grito da Terra?

-Nuestro principal punto en la plataforma que presentamos al gobierno es la institucionalización de la juventud dentro del Ministerio de Desarrollo Agrario, ya que es una realidad que los jóvenes no tenemos acceso real a los programas dirigidos a nuestra franja etárea porque las trabas burocráticas lo impiden casi completamente.

   
 

Actualmente, viven en o del campo unos 20 millones de jóvenes de hasta 32 años

   

 

Durante el gobierno de Lula logramos algunas conquistas como el Programa Nuestra Primera Tierra, que ofreció créditos para la adquisición de tierra, el capítulo dirigido a la juventud del Programa Nacional para la Agricultura Familiar (PRONAF Joven) y el Consorcio Social de la Juventud Rural, pero estos tres programas tuvieron una muy escasa accesibilidad para los jóvenes.

 

-¿Por qué ocurrió esto?

- Por burocracia estatal. El primero de ellos –Nuestra Primera Tierra- fue el que logró más eficacia, y si bien más de la mitad de los 86 mil beneficiarios de esos créditos fueron jóvenes de menos de 32 años, eso es absolutamente insuficiente.

 

En cuanto al PRONAF Joven, se trata de un capítulo del PRONAF general, con créditos accesibles para jóvenes entre 16 y 29 años con tasa de 2 por ciento anual. Pero ese crédito está limitado a un máximo de 6.200 dólares, lo que es muy poco.

 

Además, entre sus requisitos aparece que el beneficiario debe tener un mínimo de 100 horas de capacitación técnica. Esto es interpretado muy restrictivamente por los bancos y entidades encargadas de distribuir el dinero, de tal forma que el acceso a estos créditos ha sido muy escaso.

 

Nosotros hemos insistido en que el Estado no puede exigir lo que no ha proporcionado, porque ninguno de los gobiernos anteriores había invertido en la formación para la juventud rural. 

 

-¿Cómo enfrentaron estas dificultades?

-Con el tiempo logramos calificar a 4 mil jóvenes, así como lo hicieron otros movimientos rurales, y actualmente tenemos 30 mil jóvenes participando en el Programa Joven Saber, que es una formación a distancia gestionada por la CONTAG

   
 

Sin una ayuda concreta y real la juventud no se quedará en el campo, y ése debería ser uno objetivo nacional

   

 

Pero todas estas formaciones no han sido suficientes para que los jóvenes accedamos al PRONAF Joven, porque ahora el impedimento está en la escasa disposición de la Secretaría de Agricultura Familiar apara hacer posibles los créditos para la juventud.

 

Las exigencias llegan a ser tan absurdas como por ejemplo que si los padres del joven candidato a un crédito, a su vez, no son beneficiarios del PRONAF, ese muchacho tampoco podrá acceder. Incluso se llega al extremo de que si alguno de sus padres es deudor del sistema PRONAF, eso también inhabilita al joven para acceder a un crédito.

 

Por eso decimos irónicamente que en realidad el PRONAF Joven ha sido un “PRONAF Hijo”. Los requisitos no pasan por ser un joven trabajador rural, sino por otras cosas completamente diferentes.

 

-¿Qué planteo concreto le han hecho al gobierno en este Grito da Terra?

-Los jóvenes de la CONTAG estamos exigiéndole al gobierno que acabe con esa burocracia. Los requisitos deben incluir sólo ser joven hasta los 29 años, aunque sabemos que debería llegara los 32. Lo más que hemos logrado es que se integre un grupo de trabajo para analizar el problema, y eso es muy poco.

 

Sin una ayuda concreta y real la juventud no se quedará en el campo, y ése debería ser uno objetivo nacional.

 

Por eso planteamos la necesidad de que haya una institucionalidad de y para la juventud dentro del MDA, que pueda articular las diversas secretarías del organismo para establecer diálogos productivos con los demás Ministerios, como el de Trabajo para lograr programas de capacitación, o el de Educación, para mejorar la pésima atención que tenemos hacia las escuelas rurales que, además, son malas. Los métodos pedagógicos que allí se aplican están obsoletos, los contenidos no dialogan con la realidad del campo, y si esta metodología ya no sirve para la ciudad, menos aún para el campo.

 

-¿Qué respuestas han recibido del gobierno en este plano?

-Sumándose a la crítica hacia la situación de la educación en el campo, hemos tenido que escuchar al ministro de Educación, Fernando Haddad, decir que si se cerraran todas las escuelas rurales nadie las echaría de menos.

   
 

La búsqueda de educación ha sido la principal puerta de salida del campo

   

 

Nosotros decimos que ellas necesitan atención, necesitan ser mejoradas, se precisa aplicar la Ley de Directivas de Base para la Educación en el Campo de 2002 que marcó pautas importantes que nunca han sido aplicadas. Incluso a pesar de que el ex presidente Lula reglamentó ya esa ley, cuya aplicación depende en gran parte de los estados y los municipios.

 

-¿Cuál es la relación pobreza-juventud?

-Según cifras oficiales, el 53 por ciento de los 16 millones de personas que sobreviven con una renta per capita de hasta 50 dólares por mes -esto es, en la pobreza extrema-, tiene hasta 19 años de edad.

 

¿A qué futuro estamos condenando a esta generación que ya no tiene presente? Porque, además, 25 por ciento de esta población es analfabeta, y la mayoría se encuentra en la periferia de las pequeñas ciudades y municipios y son asalariados rurales.

 

¿Cómo discutir sobre el desarrollo del país siendo que aún tenemos tanta gente analfabeta? Y aún con las escuelas rurales desapareciendo. La primera opción de estos niños y jóvenes es salir para la ciudad para poder estudiar.

 

En las propias escuelas del campo se les estimula a urbanizarse, porque les presentan a las ciudades como el lugar bueno donde vivir, con posibilidades de trabajo, de consumo y educación. Esta ha sido la principal puerta de salida del campo: la educación.

 

Para combatir la pobreza extrema debemos hacerlo con tierra, educación, crédito, educación, asistencia técnica para que estas personas puedan producir alimentos, pero también otras culturas como turismo rural, artesanato, pequeñas agroindustrias, preservando el medio ambiente, garantizando que las generaciones futuras también tengan condiciones de supervivencia con dignidad.

 

Éstas son políticas esenciales, y a partir de allí podremos desarrollar otras políticas de base que los retendrá en el campo, porque podrán ofrecerles a sus hijos un futuro de progreso, de crecimiento personal.

 

En Brasilia, Carlos Amorín

Rel-UITA

25 de mayo de 2011

 

 

 

 

Fotos: Carlos Amorín

 

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