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El estilo FEMSA

 

 

Cuando la mexicana Fomento Económico Mexicano S.A. (FEMSA) adquirió Panamco a mediados de 2002 por 3.600 millones de dólares, se convirtió en la más grande embotelladora de Coca Cola fuera de Estados Unidos, con ventas anuales estimadas en 4.600 millones de dólares. Actualmente opera en Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Venezuela. Tamaño gigantismo no significó ningún beneficio para sus trabajadores, muchos de los cuales perdieron sus puestos de trabajo debido al cierre de fábricas y reestructuras ocurridas en Colombia, Panamá y Venezuela. Ahora está procurando imponer un particular estilo de gestión, que desconociendo las leyes de los países donde opera, pone a prueba la capacidad de resistencia de las organizaciones obreras. El último ejemplo lo encontramos en Nicaragua, pocos meses después de que la subsidiaria local firmara un nuevo convenio colectivo de trabajo.

 

El pasado 30 de julio, el Sindicato Único de Trabajadores de Coca Cola Nicaragua realizó una protesta a causa de una revisión salarial mal aplicada por la empresa, esta consideró la medida como un acto ilegal y despidió a tres dirigentes sindicales -entre ellos el secretario general- presentando en el Ministerio del Trabajo una solicitud de cancelación de los tres contratos de trabajo. Pero bastó que los trabajadores paralizaran sus labores por dos horas, para que los despedidos fueran nuevamente readmitidos. Todo lleva a pensar que más que el momentáneo malhumor de un jefe, la intempestiva medida fue un globo de ensayo destinado a sondear la fortaleza del Sindicato.

 

Por su parte, los dirigentes del Sindicato (con el respaldo de una carta firmada por más de 300 trabajadores) se entrevistaron con el viceministro del Trabajo quien, como no podía ser de otra manera, les comunicó que según las leyes nicaragüenses los despidos no correspondían y que hablaría con la compañía para que esta desistiera de su actitud. Más tarde, una carta de protesta enviada por la UITA a la gerencia de FEMSA motivó que representantes de la misma viajaran a Nicaragua y se entrevistaran con el Sindicato a quien le manifestaron que dejaban sin efecto las medidas superando el malentendido; “borrón y cuenta nueva”, fueron sus palabras.

 

No obstante, para el Sindicato solamente se volverá a la normalidad cuando la empresa presente ante el Ministerio del Trabajo una solicitud de disentimiento a la cancelación de los contratos. Según argumenta la empresa, esto todavía no se ha efectuado debido a que el director general para Centroamérica, el panameño Mauricio Ponce, no se encuentra en el país. Mientras tanto, el Sindicato permanece vigilante hasta que el caso se cierre por la vía administrativa.

 

Más allá de estos hechos, que podrían tomarse como un incidente cotidiano, para los trabajadores existen motivos de preocupación por los cambios que, violando las leyes del país, FEMSA pretende implantar. La aspiración de la empresa es que los trabajadores realicen tareas que no están estipuladas en el contrato de trabajo, acuñando una novedosa categoría que denominan “maniobras generales”.

 

Si examinamos más de cerca la embotelladora de Coca Cola en Nicaragua nos encontraremos con que sus negocios no van mal, desde el momento en que reconoce captar el 65 por ciento del mercado. En la empresa laboran 693 trabajadores permanentes (de los cuales 528 son sindicalizados) y 527 tercerizados, es decir, pertenecientes a empresas prestadoras de servicios. O sea, poco más del 43 por ciento del total de la plantilla es personal tercerizado, sin derecho a sindicalizarse y sin cobertura del convenio colectivo. Pese a ello la intención es flexibilizar aun más.

 

Y es claro que para imponer una política de flexibilización como la que pretende FEMSA, la existencia del sindicato es un impedimento -seguramente la empresa añora la situación en Costa Rica, donde la organización sindical no existe- y las provocaciones continuarán. Habrá que permanecer atentos.

 

 

Enildo Iglesias

© Rel-UITA

18 de agosto de 2004

 

 

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