Argentina

Entrevista con Marcelo Mateo

Director del Centro de Comunicación Popular y Asesoramiento Legal (CECOPAL)

 

La solidaridad bien entendida

Instalado en Córdoba, el CECOPAL trabaja entre los sectores más populares, y hasta marginales, de esa ciudad argentina, fundamentalmente entre mujeres y jóvenes, promoviendo emprendimientos solidarios y redes de comunicación con el fin de “disparar procesos organizativos autónomos” de la gente que interviene en ellos, según dice su director en esta entrevista.

 

- Contanos las experiencias de CECOPAL con emprendimientos solidarios.

 

- En CECOPAL la experiencia de economía solidaria fue un proceso, surgió del trabajo de género, con mujeres de sectores populares de la periferia de la ciudad de Córdoba. Llegamos a ese trabajo en función de tareas de apoyo en violencia doméstica, prevención de VIH, embarazo de adolescentes... En realidad fuimos llegando desde la práctica sin saber exactamente que íbamos llegando a estos eventos de economía solidaria, viendo que casi el 70 por ciento de los hogares de la periferia de la ciudad están sostenidos por mujeres, solas o con maridos desocupados. Nunca las mujeres asumían que eran el primer sostén de sus hogares, consideraban que estaban apoyando a sus maridos.

 

- Pensaban que su tarea fundamental era la doméstica.

 

- Exactamente. Comenzamos a trabajar hace unos 7 años con grupos de mujeres que ya de todas formas tenían un oficio (repostería, peluquería, pequeños almacenes, pequeños servicios, limpieza), y la primera forma de encarar el trabajo fue organizar y separar su tarea doméstica de la tarea productiva o de empleo-ingreso. Viéndolo en perspectiva se podría decir que separar la tarea doméstica de la que le representaba un ingreso para ella o su familia fue la labor más difícil. Comenzamos dividiendo la carga horaria de las mujeres para las tareas de su casa y la carga horaria para sus emprendimientos, y haciendo algún tipo de análisis económico de ingresos, costos, qué significaba la economía familiar.

 

Posteriormente logramos, vía la cooperación internacional, acceder a un pequeño fondo para otorgar créditos a estos mismos grupos que asesoramos, un pequeño fondo rotatorio, con un tope de 200, 230 dólares por crédito y a una tasa que apenas mantiene el reciclamiento del fondo.

 

Ese trabajo lo encaramos mal. Estábamos muy influenciados por experiencias como la de los bancos bolivianos, y de a poco fuimos reemplazando la figura de la institución capacitadora por la figura de la institución bancaria. Ahí nos desviamos bastante del asunto. En algún momento intentamos meter una institución bancaria en el medio, cosa de salirnos del rol de banco. Finalmente encontramos la figura más adecuada para nosotros y para las mujeres del barrio: que fueran las propias mujeres las que integraran el Comité de Crédito. Nosotros hacemos una asesoría técnica sobre los proyectos que se presentan, pero la decisión política sobre cuál crédito se otorga y cuál no, la toma la comisión de mujeres, y nosotros no nos metemos. Esto ha sido muy interesante: mujer que pide un crédito, mujer que ingresa a un grupo, sale de la idea de su propio núcleo productivo aislado y pasa a trabajar comunitariamente con otro grupo de mujeres en el barrio.

 

- Comienza a tomar determinaciones, decisiones colectivas...

 

- Sí, y además se genera un círculo productivo entre mujeres que producen diferentes cosas, pequeñas asociaciones entre dos, tres. Esto se da sobre todo en temas de repostería: se constituyen, por ejemplo, almacenes en que una mujer vende el dulce que produce otra que vive en la otra cuadra, o el pan que hace la otra que vive a dos cuadras...

 

Nosotros de todas formas tenemos claro que en términos de economía solidaria falta mucho para investigar, para hacer y para aprender. Este tipo de experiencias me inclino más a llamarlas de supervivencia, tienen el componente solidario pero son apenas de supervivencia. Rápidamente te encontrás con problemas impositivos, de producción, de bromatología en el caso de los comestibles, de cadenas de producción, toda una serie de elementos que hacen que tengan un techo bastante claro.

 

El grupo de mujeres de Parque Eliseo, un barrio muy popular del norte de la ciudad de Córdoba, con el crédito logró incorporar tecnología y generar una pequeña cadena de distribución entre algunas empresas que les compran sus productos para sus fiestas, por ejemplo. Pero al poco de andar, cuando levantaron la producción un 20, un 25 por ciento, recibieron mazazos que las hicieron retroceder muchísimo. Ahí hay un límite muy concreto, que estamos viendo y conversando.

 

- ¿Cuánto tiempo hace que se inició el proceso?

 

- El proceso de capacitación hace aproximadamente 7 años, el fondo rotatorio tiene casi 5. La devolución de los créditos se da de manera espectacular: casi no hay mora. Y eso es así porque las propias mujeres controlan el fondo, se deben a ellas mismas, no le deben nada al CECOPAL ni a la agencia de cooperación que presta los fondos.

 

Pero hubo problemas adicionales, como que a la hora de firmar los papeles, pese a que eran las mujeres las que habían hecho todo y se habían capacitado, caía el señor, el marido... Varios de estos procesos fracasaron por este factor. De hecho, aún hoy es una lucha bastante dura, sobre todo si él está desocupado y siente que éste va a ser el único ingreso del hogar. Esto lo pone peor, y puede llegar a grados de violencia familiar.

 

- ¿Cuánta gente hay en Córdoba viviendo a partir de emprendimientos productivos?

 

- Miles. En el fondo nuestro, que es pequeñito, tenemos cerca de 400 créditos en proceso.

 

- ¿Cuántos miembros tienen los grupos?

 

- Los de mujeres son 4 grupos base (norte, sur, sudeste, noroeste). Hay núcleos de hierro de 60, 70 mujeres, que son las que mantienen el funcionamiento de los grupos, que no giran, insisto, en torno a los procesos productivos, sino a salud sexual y reproductiva, embarazo adolescente, prevención de VIH. Esos de 60 o 70 integrantes son los que mantienen la vida del grupo, la comunidad en el barrio. Si se agrega a las que entran y salen en los procesos productivos, estamos en 80 mujeres por grupo.

 

- ¿Piensan que la participación, la integración se va a seguir desarrollando?

 

- Como institución creemos que hemos llegado a un techo en términos de administración de este tipo de cosas. Podemos capacitar a grupos de mujeres, permitirles que tengan acceso a pequeños montos de créditos, pero ahí llegamos a un techo. Además, tenemos otras áreas de actividades: una radio FM comunitaria en una barriada muy grande como Villa Libertador, capacitación en prensa y en comunicación, un sistema de consultoría jurídica gratuita para grupos barriales, un área de medio ambiente, una revista (Desafíos Urbanos) dirigida a los sectores más desfavorecidos, hecha por periodistas y que edita seis números al año..

 

En términos de proyección política, sin embargo, la proyección es ilimitada, porque ahora la demanda de acceso a nuestros proyectos viene de los grupos de jóvenes, de chicos de más de 14 años en situación de riesgo, que al integrarse se alejan de la violencia, de las drogas, etcétera. Podemos ofrecerles, a la larga, alguna salida de corte productivo.

 

- ¿Hay demandas para desarrollar agricultura familiar?

 

- Hay microexperiencias en 2 o 3 barrios de huertas destinadas al autoconsumo, impulsadas por gente (mujeres, jóvenes, cooperativas) que viene a su vez de otros procesos.

 

Nosotros distribuimos semillas y tuvimos un grupo de ingenieros agrónomos que mantenían un banco de semillas.

 

- ¿Mantienen contactos con el grupo Pro Huertas?

 

- Sí, claro.

 

- ¿Qué resultados se alcanzaron en esa área?

 

- Fue bastante mala la experiencia. Lo que nosotros buscamos en cualesquiera de nuestras áreas institucionales es dejar vida organizada en los barrios. Con el proceso de huertas nos sirvió mucho para el autoconsumo, pero como tarea comunitaria organizativa no funcionó. Eso no significa que la gente no haya sido protagonista de estas experiencias, quizás hubo errores técnicos propios de la institución. En esto hay que ser autocrítico, pero si yo comparo estas experiencias con los procesos organizativos que hacemos con jóvenes, con mujeres, el balance no es bueno. La institución se retiró y se cayeron las experiencias, por lo cual el saldo fue negativo.

 

- ¿Y en cuanto a los resultados de los procesos productivos en general?

 

- En cuanto a los procesos referidos al acceso al crédito, a la organización del trabajo productivo de las mujeres nuestra valoración es muy buena. Sobre todo desde la perspectiva de género, porque las mujeres que han entrado en este proceso han logrado tener una vida mucho más autónoma, tanto en su familia como en la comunidad. Pero de todas maneras hay que seguir avanzando y buscar una nueva vuelta de tuerca, para evitar que tantas mujeres entren y salgan del proceso.

 

- ¿Desde cuándo perteneces a CECOPAL?

 

- Tengo 38 años y trabajo desde los 18 en CECOPAL. Pasé por todas las áreas. Yo soy comunicador, entré editando videos, pedagógicos, de capacitación, y desde 1994 soy el director de la institución.

 

- ¿Cuáles son los medios de comunicación que utilizan? La radio comunitaria, ¿como funciona?

 

- La radio es nuestra legalmente. Su director es miembro del directorio de CECOPAL, mientra las secretarías las eligen las instituciones del barrio (la biblioteca, la parroquia, el centro de abuelos, etcétera). La radio es de CECOPAL, pero la gente se la ha apropiado. Por otra parte, seguimos con un área de video, editando nuestros propios materiales, algunos de los cuales son como disparadores para talleres y otros están técnicamente mejor hechos. La revista, a su vez, trata de cubrir lo que es la mirada de la institución hacia la sociedad.

 

Nos reconocemos como un actor social, pero nuestra principal tarea es trabajar en los barrios. Nos interesa tener una opinión política y social, que nos escuchen en el Estado, que nos escuche el resto de la "sociedad civil". Mientras sigamos disparando procesos organizativos en los barrios estamos bien.

 

- ¿Cuántos barrios abarcan?

 

- Trabajamos en cerca de 25 barrios. Tenemos una oficina central, pero a través de los años pusimos centros comunitarios en 4 zonas, para no trabajar con esa idea de instituciones del centro que bajan al terreno y va el trabajador social para allá y vuelve. En uno de estos centros comunitarios, en Villa Libertador, es donde funciona la radio. Las organizaciones de todos los barrios circundantes van a trabajar a los respectivos centros comunitarios, no se van hasta el centro. En la oficina central funcionan por su lado aquellos talleres que implican juntar dirigentes de diversos barrios. Allí también tenemos un salón de usos múltiples y la administración institucional, pero la tarea se da en los 4 centros comunitarios.

 

- ¿Conforme con la tarea, te gratifica?

 

- Conforme no todos los días, pero te gratifica. Nosotros no somos de aquellas ONG a las que les encadilan las relaciones de las alfombras rojas y con el Estado, el Banco Mundial, el BID. Seguimos sabiendo, o pensando que sabemos, cuál es nuestro rol, por lo tanto nuestra gratificación sigue siendo la posibilidad de que la gente ejerza sus derechos, elija qué vida quiere y un modelo de sociedad distinto a éste. Si ponemos un granito de arena para eso, misión cumplida. Para eso abrimos la puerta todos los días.

 

 

Ariel Celiberti

Rubén Yizmeyián

© Rel-UITA

22 de marzo de 2004

 

 

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