Uruguay

 

La anulación de la impunidad,

un “problema” para el gobierno

 

 

Para que tenga éxito la recién iniciada campaña en favor de anular la ley que otorgó impunidad a militares violadores de los derechos humanos sus promotores deberán convencer en primer lugar a buena parte de los votantes de la coalición de izquierda actualmente en el poder en Uruguay.

 

La campaña es impulsada por una Coordinadora Nacional por la Anulación de la Ley de Caducidad, integrada por la mayoría de las organizaciones de defensa de los derechos humanos, la central sindical PIT-CNT, la Federación de Estudiantes Universitarios, algunos partidos del gobernante Frente Amplio, y decenas de otras organizaciones sociales.

 

Su objetivo es reunir, antes de fines de abril de 2009, al menos 250 mil firmas (10 por ciento del padrón electoral uruguayo) que habilite a la convocatoria de un plebiscito que se realizaría conjuntamente con las elecciones generales, a fines de ese mismo año.

 

La ley que amnistía a los militares culpables de torturas, desapariciones y asesinatos cometidos durante la dictadura (1973-1985) fue aprobada en 1986, y ratificada por un plebiscito tres años más tarde.

 

Por supuesto que ese texto puede ser anulado por el parlamento, en el cual el Frente Amplio dispone de una mayoría absoluta, pero los grupos dominantes de esta coalición, que en 1989 había promovido sin éxito la supresión de la norma, sostienen hoy que “el pueblo ya se pronunció” al respecto y que “acatarán ese fallo”.

 

Lo mismo sostiene el presidente de la república, el socialista Tabaré Vázquez, para quien el Frente Amplio accedió al gobierno en 2005 prometiendo “respetar la legislación vigente” y los anteriores “pronunciamientos de la ciudadanía”.

 

La Coordinadora Nacional responde que el plebiscito de 1989 tuvo lugar en circunstancias muy especiales, en medio de una campaña de amedrentamiento lanzada desde el poder político de la época y desde las Fuerzas Armadas, que amenazaban, velada o directamente, con la posibilidad de un nuevo golpe de Estado en caso de que la amnistía a los militares fuera anulada.

 

“Es absurdo pretender que las leyes no puedan ser cambiadas aunque hayan sido ratificadas por un plebiscito. Cualquier ley puede ser cambiada si cambian las mayorías políticas. Además, hoy hay otro contexto, el miedo no opera como en aquellos años, cuando el terror de la dictadura estaba todavía presente en toda la ciudadanía, y las generaciones más jóvenes no tienen por qué quedar prisioneras de una decisión tomada casi veinte años atrás”, subrayó uno de los portavoces de la comisión, el abogado Oscar López Goldaracena.

 

Lo cierto es que, tanto en la propia coalición de gobierno como en su masa de votantes las aguas están divididas. Hasta hay quienes dicen, en filas de la propia izquierda, que “el tema de los derechos humanos ya fue”, que “el país tiene hoy asuntos más importantes que resolver”, que “hay que mirar para adelante”

 

Otros, sin llegar a ese extremo, aducen que “el gobierno está aprovechando al máximo los resquicios que la ley deja y enviando a algunos militares a la justicia”, y que “eso es lo máximo que se puede hacer en este tema”.

 

Las divisiones en el campo de los grupos y partidos que se habían embanderado en la defensa de los derechos humanos a la salida de la dictadura han llegado a tal grado que la propia Asociación de Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos no ha logrado una posición común respecto a si promover o no la anulación de la ley de caducidad.

 

Hasta hace unas semanas, la mayoría de esa organización, que en 1989 encabezó la campaña por la anulación de la misma norma, esta vez prefería abstenerse.

 

Sin embargo, una vez que se oficializó la iniciativa y sindicatos y organizaciones políticas y sociales comenzaron a juntar firmas, la relación de fuerzas se invirtió y hoy son muy mayoritarios los que se pronuncian en favor de la anulación.

 

El acto público con el que se lanzó la campaña, el martes 4 de setiembre en un teatro céntrico de Montevideo, dio alas a la Coordinación.

 

El teatro se vio desbordado de público, y se notó una buena asistencia de jóvenes, algo interpretado como alentador en momentos en que “esa franja de la población se muestra reticente a participar de actividades que se puedan asociar a lo político”, según dijo uno de los portavoces de la Coordinadora.

 

Otro enfatizó en que “son estos, los temas éticos, los que pueden movilizar a los jóvenes. De allí su importante presencia en este acto”, al igual que en las Marchas del Silencio que cada año recuerdan a los desaparecidos bajo la dictadura y que invariablemente reúnen a cerca de 50 mil personas.

 

Un plus con el que cuentan los impulsores de la anulación es la adhesión a la campaña de figuras históricas o referentes éticos del Frente Amplio, como el general (retirado) Víctor Licandro o el ex diputado socialista Guillermo Chifflet, o de intelectuales y artistas de amplia convocatoria como Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Daniel Viglietti.

 

En este panorama que se les presenta difícil en el plano político, la Coordinadora sabe que de reunirse rápidamente las firmas de varias decenas de miles de personas, a las fuerzas políticas de la coalición de gobierno que hoy rechazan la idea de la anulación les resultará al menos incómodo mantener esa posición. Sobretodo si se alcanza ese nivel de adhesión antes del próximo congreso del Frente Amplio, en diciembre.

 

“Dirigentes de los grupos moderados del Frente Amplio, integrantes del Poder Ejecutivo y allegados al presidente Vázquez aseguraron que si se llega al Congreso con 50.000 adhesiones será ‘muy difícil pararse para hablar en contra’ de la anulación”, consigna al respecto en su edición del jueves 20 el semanario Búsqueda. Y agregó: “es evidente que estamos ante un problema”.

En Montevideo, Daniel Gatti
© Rel-UITA
21 de septiembre de 2007

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