Guatemala

 

Con Jair Krischke

Si aplica la pena capital, Guatemala será
denunciada ante la Corte Interamericana
de Derechos Humanos

 

 

El pasado martes 12 la mayoría del Congreso de Guatemala aprobó una ley habilitando al Presidente de la República a indultar a los condenados a la pena de muerte. Al hacerlo, el Congreso oficializó de hecho la aplicación de la pena capital que, hasta ese momento, permanecía trabada en una suerte de limbo legal. Sirel dialogó con Jair Krischke, consejero y fundador del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (MJDH) de Porto Alegre, para conocer su opinión sobre este sorpresivo retroceso en el país centroamericano.

 

 

 -¿Cuál es tu opinión sobre esta decisión del Congreso de Guatemala?

-Ese país es signatario de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, más conocida como “Pacto de San José”, en cuyo artículo 4 se establece claramente que los países que -como Guatemala- tuvieron activa la pena de muerte y la suspendieron no pueden volver a utilizarla. Esta Convención no es opcional, por eso en su artículo 1 deja en claro que “Los países signatarios se comprometen a cumplir los términos de este Pacto”. Es un compromiso. Se trata de una violación gravísima a los términos de esta Convención, y el caso puede terminar en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque en pleno siglo XXI volver a la pena capital es un retroceso abismal.

 

-¿Por qué?

-Porque ya se sabe que esta pena no resuelve absolutamente nada desde el punto de vista de la prevención criminal. Antes bien, existen estadísticas muy confiables que prueban lo contrario. Pongamos un ejemplo: cuando Austria abolió la pena de muerte, la cantidad de delitos cometidos y que antes eran castigados con la pena capital disminuyó sensiblemente. Las estadísticas lo muestran claramente. Tomemos las de Estados Unidos, que son muy confiables; ellas también coinciden con las de Austria, pero por la negativa. Esto es, en los estados donde no existía la pena de muerte y ésta fue adoptada, la cantidad de crímenes pasibles de ser castigados con la pena capital aumentó. Se pueden tomar las estadísticas de otros países europeos, y todas mostrarán que la aplicación de la pena de muerte no resultó en una disminución de los crímenes cometidos.

Es sabido que en Estados Unidos, cuando se hace inminente la aplicación de la pena capital en un caso concreto, ocurre una sobreexposición mediática del condenado. En ese período aumenta el número de crímenes brutales. Una comisión interdisciplinaria que analizó este punto, encontró que la “atención” de la prensa alrededor de estos casos estimulaba a un rango de personas con ciertos disturbios mentales a la emulación del criminal. Muchos cometen crímenes que son castigados con la muerte para recibir la misma atención de los medios. La pena de muerte, por tanto, es completamente inocua para la prevención y/o disminución de la cantidad de delitos cometidos. No es una pena disuasiva.

 

-Además, siempre cabe la posibilidad del error.

-Ese aspecto es esencial, porque para defender la existencia de una pena con características de irreversible como ésta, deberíamos tener la absoluta certeza de que disponemos de tribunales infalibles. También de una Policía altamente confiable; pero la realidad es que en Guatemala la Policía está muy poco capacitada y se ve afectada por una profunda corrupción. La inocencia o la culpabilidad, en estas condiciones, depende mucho más del dinero, de las influencias o de los prejuicios que de una investigación objetiva.

Por otra parte, y aunque el reo sea culpable, en mi opinión la aplicación de la pena de muerte transforma al Estado en una institución criminal, porque no hay ninguna razón de Estado que pueda justificar el asesinato oficial.

La mayor parte de las veces quienes comenten crímenes aberrantes son enfermos mentales, y en ese caso lo que se precisa es atención sanitaria.

En nuestra América Latina, además, la pena de muerte se ha utilizado invariablemente para borrar del escenario a los adversarios políticos.

 

-Es cuando más se ha utilizado, oficial y extraoficialmente…

-Sobre todo extraoficialmente. Pero además, en ningún país tampoco dejaron de actuar las mafias, el crimen organizado, por la amenaza de la aplicación de la pena de muerte. No hay delito que sea prevenido con esa pena, y sin embargo eleva la muerte al rango de justicia impartida, lo que configura una verdadera aberración ética.

 

-¿Cuál es la tendencia en el mundo con respecto a este tema?

-La tendencia es a la erradicación total, porque casi todos entendieron su absoluta ineficacia.

 

-¿Cuál puede ser entonces la motivación de estos legisladores en Guatemala?

-Tengo entendido que se trata de parlamentarios de derecha y de ultraderecha. Las razones siempre son las mismas para muchas cosas: intereses políticos, electorales o patrimoniales. Es obvio que en Guatemala, si se llega a su aplicación, la pena capital recaerá sin excepciones sobre personas pobres, casi indefensas, porque los criminales ricos pueden pagar los mejores abogados que los librarán de esa suerte. Es una concepción retrasada, fuera del tiempo. La pena de muerte será una extensión de la discriminación económica y social en un país donde la injusticia es casi infinita.

 

  

En Montevideo, Carlos Amorín

Rel-UITA

21 de febrero de 2008

 

 

 

 

Fotografía: Rel-UITA

 

artículos relacionados

15-2-2008 Guatemala
Por el veto
Ante la pena de muerte
Miguel Ángel Sandoval

 

Volver a Portada

 

   UITA - Secretaría Regional Latinoamericana - Montevideo - Uruguay

Wilson Ferreira Aldunate 1229 / 201 - Tel. (598 2) 900 7473 -  902 1048 -  Fax 903 0905