Colombia - Urabá

Víctimas de la violencia se organizan

reclamando verdad, justicia y reparación

El pasado 7 de marzo en Apartado, Antioquia, con el apoyo de SINTRAINAGRO, y ante más de 2.500 víctimas de la violencia, se presentó CORPOLIBERTAD, una corporación creada por las victimas para reclamar verdad, justicia y reparación. Estuvo presente en el acto el Vicepresidente de la República, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación y la Agricultura (UITA), entre otras organizaciones.

 

SINTRAINAGRO, la CUT y la UITA reclamaron al gobierno nacional un trabajo más efectivo contra la impunidad en el asesinato de sindicalistas, políticos y líderes sociales, y una verdadera política para conocer la verdad, aplicar justicia y reparar a todas

las víctimas de la violencia.

 

El vicepresidente de la República, doctor Francisco Santos, contestó con un

rosario de promesas habidas y por haber, como grandes obras

de infraestructura vial y portuaria, investigaciones judiciales,

 la creación de una oficina regional de la Comisión

de Reparación, entre otras.

 

“¡Amanecerá y veremos!”, decía mi abuelo

al escuchar hablar a políticos

y gobernantes.

 

 

En Diálogo

 

     

 

En la zona bananera de Urabá, aprovechamos para entrevistar a Ana Inés Miranda R. de Correa, victima por el asesinato de cinco de sus hijos sindicalistas.

Cuadro de texto: Ana Inés Miranda R. de Correa
 

 

Al final de un sendero polvoriento se ve una casa humilde. En ella vive una anciana con una cabellera blanca como la nieve, de mirada noble y maternal, con una sonrisa que transmite amabilidad y confianza. La encontré sentada sobre una silla de ruedas, junto a sendos altares para una virgen y un Cristo, desteñidos por el tiempo y engalanados con flores de papel azul y blanco, con una veladora encendida “pa’alumbrar la vida que queda y por los que se fueron”, dijo como respuesta al ver que miraba su santuario con curiosidad, pero con respeto.

 

Ana Inés Miranda de Correa parió doce hijos, haciéndole honor a la tradición paisa* de “tener los críos que Dios mande”. Sería una campesina más, anónima, de no ser porque en la lista de víctimas por la violencia registra el asesinato de cuatro hijos sindicalistas y uno desaparecido.

 

“Prepare un café pa’ la visita m’ijo”, le ordena a un nieto que la acompaña en el momento de nuestra llegada.

 

Saludo a doña Ana, madre de Ricardo, Emiro, Reinaldo, Juan de Jesús, sindicalistas asesinados, y de Jesús María, desaparecido y también trabajador bananero, de Hernán, actual vicepresidente de SINTRAINAGRO, y de Guillermo, presidente de CORPOLIBERTAD, aún vivos junto a sus cinco hermanas.

 

La charla comienza naturalmente, mientras el aroma del café recién hecho invade la habitación.

 

-Doña Ana, ¿usted es de la zona bananera?

-No, yo nací en Cañas Gordas, Antioquia. Me tocó trabajar desde niña por la extrema pobreza de mi familia. Los hijos los empecé a parir desde muy joven, y me encargué de ellos como madre cabeza de familia hasta que Ricardo, mi hijo mayor de 16 años me dijo: “Nos vamos todos para la zona bananera a encontrar otra vida”. Dejamos al papá trabajando en el monte como leñador y hasta la luz de este día hemos estado por aquí en Apartadó.

 

-¿Y cuál fue su primer trabajo en la zona bananera?

-Me enrolé con la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC), en el trabajo de recuperar tierras. Nos tomábamos fincas y repartíamos para los que no tenían. Nunca me preocupé por reservar tierra para mí y los hijos, porque en esa época uno trabajaba para los demás, mejor dicho pa’los mas jodidos.

 

-¿Y de qué vivía con semejante número de hijos?

-Pasaba tiempo pidiéndoles a los alcaldes autorización para que mis hijos varones menores de edad pudieran trabajar en las fincas bananeras, como no teníamos autoridades del trabajo, el alcalde era el que autorizaba. Y lo lograba; con eso vivíamos.

 

-¿Y usted qué hacía además de recuperar tierras?

-Preparaba muchas cosas de comer y vendía en las invasiones -que ahora les llaman

así- con eso y lo que ganaban los hijos nos defendíamos. Las hijas también trabajaban en oficios caseros, hasta que se fueron casando.

 

-Todos sus hijos hombres fueron y son líderes sindicales y sociales, ¿el ejemplo suyo?

-Dios dirá- dice bajito mientras mira el altar. Luego me mira a los ojos con una mezcla de dolor y de ternura que le da a su rostro una extraña belleza. -Dios da los hijos y Dios los quita, eso pasó con los muertos míos; y al desaparecido, Jesús María, lo siento igual de muerto que a los otros cuatro-.

 

-¿Por qué cree que los asesinaron?

-Por toda esta zona paso la revolución del Ejército Popular de Liberación (EPL), y los muchachos, en una u otra forma, terminaban enrolados, y los que no pues igual eran sospechosos de pertenecer. Luego vino lo que se llamó el desarme o desmovilización, y detrás una mortandad terrible que no respeto niños, mujeres, ancianos, y menos a los sindicalistas; todavía matan uno que otro.

 

-¿Quién los asesinó?

-Las autoridades no han dicho quién, eso quedará así y habrá que resignarse, porque con la plata del mundo no se recupera un hijo, ni se alivia el dolor de una madre. Son cinco hijos perdidos, cinco puñales de punta clavados en la garganta.

 

-Y después de tantos años de lucha, ¿ahora cuál es su actividad?

-Ya la salud me tiene en silla de ruedas, no tengo forma de trabajar, los hijos que me quedan me ayudan y me entretengo con los nietos que me visitan. Le rezo a la Virgen por la salud de todos y para que se detengan las matanzas.

 

Me despido de doña Ana Inés y me responde con la sonrisa que la encontré: “Hasta lueguito pues, y por aquí a la orden”, la clásica frase de despedida de los montañeros y montañeras paisas.

 

 

En Apartadó, Luís Alejandro Pedraza

Rel-UITA

24 de marzo de 2009

 

 

 

 

Guillermo Rivera interviene en el encuentro de Víctimas de la Violencia - Urabá

 

 

Francisco Santos, Vicepresidente de la República

 

*Apelativo que identifica a los pobladores de Antioquia.

Fotos: Luis Alejandro Pedraza

 

 

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