Agricultura en URUGUAY

 

 

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Agricultura en URUGUAY

 

El exigente arroz

El departamento de Rocha, junto con Cerro Largo y Treinta y Tres, conforman el núcleo del área arrocera de la laguna Merín y del litoral atlántico. En la cuenca de la laguna se cultiva el 80 por ciento del arroz producido en el país, debido en parte a la espectacular fertilidad de su tierra y también a la disponibilidad de agua, su principal factor condicionante.

El arroz es un cultivo sumamente exigente en cuanto a requerimientos de agua, herbicidas y nutrientes. En promedio se puede estimar un consumo de agua de unos 11 millones de litros (11 mil metros cúbicos por hectárea y por año). Relevamientos realizados hace casi 15 años* demostraron que en un 58 por ciento del área fueron utilizados uno o más herbicidas, destacándose el molinate, catalogado por el mgap en la categoría III de toxicidad. En la actualidad la superficie fumigada ha aumentado sustancialmente.

En Uruguay el cultivo de arroz está orientado a la exportación (un 85 por ciento), y la fumigación con herbicidas es prácticamente constante en noviembre y diciembre, con la finalidad de asegurar el éxito económico a corto plazo. A las malezas y enfermedades que atacan a los cultivos sistemáticamente, se suman las nuevas plagas que obligan a los productores a hacer inversiones adicionales aumentando aun más la carga total de agrotóxicos y sus costos asociados. Muchos expertos concuerdan en que la intensificación de estas prácticas promueven a su vez las nuevas plagas de insectos, malezas y enfermedades.

Volviendo a olvidadas tradiciones agrícolas y como respuesta a las preocupaciones acerca de los impactos de plaguicidas en el medio ambiente, surge el manejo integrado de plagas como alternativa viable (véase en esta separata la entrevista con Antonio Bello).

Rodrigo García

* Asociación de Cultivadores de Arroz (aca) 1987, 1988.

 

 

Las normas existen, pero...

A nivel nacional la fumigación aérea cuenta con normas o criterios de manejo precautorio bastante ambiguas, y su transgresión no está necesariamente penalizada. De hecho, cada quien es responsable por el producto que utiliza (prohibido o no), dónde lo utiliza (por ejemplo, a qué distancia de los centros poblados), cuánto y cómo, “con las prevenciones necesarias”(?).

Rodrigo García

 

 

 

En Dinamarca

Para quienes dicen que no es posible cambiar, conviene relatar algunos titulares de lo que se hace en Dinamarca. Desde 1986 el gobierno de aquel país emprendió un plan de acción en pro de la agricultura sostenible, prohibiendo los plaguicidas. Entre los instrumentos creados en la nueva legislación se incluía: impuestos indirectos sobre los plaguicidas (los fondos se reorientan al sector agrario); certificación de los usuarios; registros de las actividades de aplicación y supervisión continuada de las dosis reduciendo la aplicación excesiva.

Rodrigo García

 

 

 

En la tierra

Para construir los suelos y recuperar la fertilidad natural diezmada, lo ideal en términos agronómicos al cabo de dos zafras de arroz es implantar praderas, que reconstituyen parcialmente el nitrógeno del suelo. Ni esto último ni el descanso son opciones acostumbradas por los cultivadores.

El régimen de propiedad de la tierra tiene mucha influencia en el esquema de degradación de los suelos. El latifundio como forma predominante e inapropiada de tenencia de la tierra redunda en un proceso general de degradación del área por pérdida de biodiversidad, de pasturas naturales y de población rural, entre otros. La concentración de la propiedad de la tierra coincide en estas zonas de fronteras, además, con una creciente extranjerización, ya que la mayor parte de los grandes productores son de nacionalidad brasileña. Entre los famosos “costos ocultos” de los sistemas productivos actualmente hegemónicos, debe agregarse el impacto de la contaminación generada a partir de los arrozales en los ecosistemas costeros. Como ejemplo baste mencionar el archidiscutido del canal Andreoni, en La Coronilla. 

Rodrigo García

 

 

 

Alternativas del pasado

El trabajador del campo del pasado conocía peculiares técnicas naturales para el control de plagas. Por ejemplo, sabía cómo evitarlas en los cereales con sólo esparcir hojas de repollo entre el cultivo, una alternativa factible económica y ambientalmente, ya que atraía otro insecto competidor de la plaga, sin gastos ni daños remarcables. La agricultura convencional ha sustituido estos conocimientos ancestrales, complejos, adaptados a cada zona geográfica y climática por los agroquímicos, cuya única ventaja es la rentabilidad a corto plazo para las empresas que los fabrican y los comerciantes que los distribuyen.

Teóricamente, el manejo integrado de plagas (mip), movimiento surgido en los años setenta, incorpora un conocimiento y una filosofía más profundos de la naturaleza y de la ecología entre insectos y cultivos. Mediante diversas y variadas tácticas naturales (depredadores, agentes patógenos y clima, entre otros) el mip mantiene a las poblaciones plaga debajo del nivel de daño económico, y utiliza los plaguicidas como último recurso, cuando las pérdidas son severas.

El mip en la práctica se ha incorporado lentamente a los sistemas agrícolas de gran escala, reduciendo los costos del control de plagas.

Prácticas ancestrales han demostrado que las plagas atacan la mayoría de las veces a plantas con mala sanidad. Por lo tanto, la obtención de cultivos sanos se logra a través de las técnicas conocidas de agricultura orgánica, biológica o ecológica, cuyo principal objetivo es el uso de la tierra durante largo plazo manteniendo sus propiedades estables y sustentables. y la producción de alimentos sin contaminantes químicos.*

Rodrigo García

* Agricultura Orgánica. celadu.

 

 

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