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   Brasil

     

 Con el Doctor Roberto Ruiz

“Hay gente que prefiere el desempleo a meterse en el infierno de un frigorífico”

 

Los frigoríficos avícolas brasileños se expanden por todo el mundo y sus productos llegan cada vez a más mercados. Mientras esto sucede, los lesionados y enfermos se cuentan por miles en el país. Se trata de ex trabajadoras y trabajadores que padecen el dolor constante de sus miembros atrofiados por un modo de producción salvaje y brutal, que en un mismo proceso tritura pollos y la salud de gente.

 

 

 
 

“Comencé desosando tres muslos y medio por minuto y ellos exigían cada vez más. En los 11 años que permanecí en el frigorífico, hasta que me enfermé, terminé desosando siete muslos por minuto”

(Testimonio de ex trabajadora. Documental Carne E Osso).

 
 

“El deshuesado de una pata y muslo de pollo lleva 12 cortes en 15 segundos, más otros seis movimientos, 18 movimientos en total para desosar una pata y un muslo”.

(Paulo, Auditor Fiscal de Trabajo.

Carne E Osso).

 
 

“Es extremadamente común encontrar que los trabajadores de frigoríficos   hagan entre 80 y 120 movimientos en un único minuto. Estudios médicos indican que hasta 35 movimientos por minuto se está dentro de un padrón de seguridad para la salud del trabajador. Por lo tanto, estamos hablando de tres veces más movimientos en un minuto que ese límite considerado seguro”.

(Heiler, Procurador de Trabajo.

Carne E Osso).

 
 

“Hay gente que se está enfermando. Pero no se hace nada. ¿Qué sucede? Que es más barato, cuando alguien comienza a enfermarse, despedirlo. Eso es lo que une ve: apenas alguien empieza a sentir dolor, a la calle, y se llama a otro”.


(Valter, Auditor Fiscal de Trabajo.

Carne E Osso).

-Trabajar en Brasil puede ser el pasaporte para una enfermedad o la propia muerte.

-¡Sí, se puede afirmar eso!

 

-¿En los últimos años se ha notado alguna mejora en esa materia o todo sigue igual?

-Por un lado parece haber habido algunas mejoras, por ejemplo en las cuestiones de biomecánica y ergonomía. Pero el tema principal, que articula trabajo y enfermedad, está relacionado con la organización del trabajo, que ha ido eliminando sistemáticamente el llamado tiempo muerto. Es decir, el corto tiempo que un trabajador tiene para descansar, para rehacer su sistema fisiológico, sin lo cual su salud se resiente.

 

-Se disminuyen las pausas,

mientras el trabajo se intensifica…

-Exactamente. Ambas cosas  perjudican a los trabajadores. Cada vez hay menos tiempo muerto, tiempo en que  se podía ir al baño o simplemente descansar algunos minutos. Por otro lado, se intensificó el trabajo: tareas que antes hacían dos personas, ahora las hace una. Como dice Alain Wisner, un reconocido ergónomo francés, “se puede sentir más cansancio por una hora de trabajo intenso que por cuatro de trabajo relajado”.

 

-También se presiona la estructura psíquica del trabajador..

-En el sector frigorífico, por ejemplo, a la falta de pausas, el estrés y la intensidad del trabajo, hay que agregar la monotonía de las tareas. Estoy hablando de verdaderos guetos de labores repetitivas, en los que se hace lo mismo, exactamente lo mismo, durante ocho horas.

 

Así, mientras las grandes empresas frigoríficas en Brasil se fusionan, se recombinan, articulan nuevas sinergias, el sistema de producción está llevando a sus trabajadores a una condición de “viejos prematuros”, de personas enfermas que de por vida sufrirán intensos dolores. Todo ello hace mella, como puede inferirse, en su sistema emocional. La depresión es ya un fenómeno epidemiológico.

 

-¿Qué hacer para cambiar esta situación?

-Lo que estamos haciendo. Por un lado, denunciar y dar visibilidad a esta tragedia en lo nacional y en el plano internacional, sobre todo en aquellos países que son mercados importantes para nuestras carnes. Además, como en reiteradas ocasiones tú lo has dicho, hay que democratizar el mundo de las relaciones laborales, porque hoy las fábricas y las plantaciones agrícolas en Brasil son verdaderos enclaves autoritarios.

 

En este sentido no hay otra alternativa que potencializar la labor política de los sindicatos. O las organizaciones sindicales hacen frente a este poder económico emergente, donde las transnacionales brasileñas en la medida que crecen se vuelven más arrogantes, o las condiciones de trabajo van a empeorar mucho más.

 

Que las condiciones de trabajo sean mejores o peores va a depender directamente de la capacidad de organización, denuncia y resistencia del conjunto de los trabajadores.

 

-Creo que tocas un tema fundamental: la dictadura continúa vigente en  las diferentes unidades de producción.

-Sí, sin duda. Es difícil decir que vivimos en una democracia cuando ésta no ha llegado a los lugares de trabajo. Allí no hay discusión pues no se aceptan las preguntas: la empresa tiene todas las respuestas a sus propias preguntas, y no hay más nada.

 

Por ejemplo, las metas de productividad son marcadas unilateralmente. Y son metas inhumanas, que en ningún momento se discuten con los trabajadores o con la representación de los trabajadores. Se aplican de plano y punto. Esa manera autoritaria de proceder, sin importar las consecuencias, está masacrando a la gente en el sector sucro-alcoholero, donde los trabajadores mueren exhaustos en el cañaveral. O en los frigoríficos, donde los trabajadores son mutilados de por vida a raíz de las lesiones ocasionadas por esfuerzos repetitivos.

 

Como se relata en el documental “Carne e Osso” (Carne y hueso), si alguien hace la tarea en 15 segundos, eso se lo proyecta para una hora y para toda una jornada, teniendo en cuenta sólo el aspecto de la producción pero no el costo de mantener ese sistema.

 

-Tengo la impresión de que cada vez más voces se suman y se articulan para dar visibilidad a esta masacre.

-Sí, porque la gente se está dando cuenta de lo que sucede. Y no sólo del movimiento sindical, también los agentes públicos, incluso de algunos ministerios y personas vinculadas a las universidades, profesores, etcétera.

 

Es que en Brasil no podemos continuar produciendo a cualquier precio, a cualquier costo. Tenemos que pensar en el costo-beneficio para la sociedad y preguntarnos: ¿será que vale la pena tener esta calidad de empleo con estos niveles de enfermedad y de mutilación? ¿Vale la pena crear un puesto de trabajo que ofrece estabilidad de uno o dos años para una persona y luego, de por vida,  la sociedad toda deba hacerse cargo de mantener a esa persona

 

-Por ello las avícolas tienen mayores problemas para contratar trabajadores…

-Exactamente. En Brasil, con un desempleo que ronda el seis por ciento, es posible ahora optar por uno u otro trabajo. Como bien lo señala Siderlei de Oliveira, presidente de la CONTAC, hay empresas que traen y llevan trabajadores, recorriendo distancias de 60 y hasta 80 kilómetros. La gente que vive cerca del frigorífico prefiere estar desempleada antes que meterse en ese infierno.

 

 

 

 

En Montevideo, Gerardo Iglesias

Rel-UITA

5 de diciembre de 2011

 

 

 

 

Ilustración: Allan McDonald


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