Perú

Con Nedda Angulo

Economía solidaria

El ser humano debe ser el centro

de la economía, y la solidaridad

su principio rector

 

La economía social y solidaria existe desde el origen de la humanidad, ya que se trata de formas asociativas, grupales, de generar bienes o servicios, tales como alimentos, salud, seguridad, vivienda, etc. Desde la irrupción de las políticas neoliberales muchos la conciben como una alternativa que vale la pena promover. A su paso por Montevideo, Sirel dialogó con Nedda Angulo, del Grupo Red de Economía Solidaria del Perú (GRESP) una de las organizaciones más activas en el tema a nivel latinoamericano e internacional.

 

 

-¿Por qué estás en Montevideo?

-He venido invitada por el Espacio de Economía Solidaria del Uruguay, que es una articulación entre emprendedores de economía solidaria, es decir, de productores que desde hace algunos años se vienen insertando en el mercado de trabajo de manera autogestionaria, e instituciones que están fomentando ese proceso. Este Espacio ha organizado una Feria Nacional de Economía Solidaria, en colaboración con la Intendencia de Montevideo (IMM), el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y el de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), un aspecto que me parece muy relevante por lo inhabitual.

 

-¿Qué es GRESP?

-El Grupo Red de Economía Solidaria del Perú es una asociación civil que está constituida por gremios de productores nacionales, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de la iglesia y agencias de cooperación que son actoras o promueven la economía solidaria. Hace ya casi diez años que estas organizaciones e instituciones encontraron que era necesario consolidar un espacio donde intercambiar experiencias y poder generar propuestas comunes.

 

-Por otra parte, GRESP ejerce la Secretaría Técnica de RIPESS en América Latina y el Caribe.

-Es así, realizamos esa tarea para la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (RIPESS) desde junio de este año, cuando fuimos formalmente designados por las demás redes latinoamericanas que integran este esfuerzo de articulación.

 

-¿Podrías aportarnos un panorama general sobre la situación de América Latina en este tema?

-La economía solidaria es una economía distinta, ancestral, vigente y reanimada por las políticas neoliberales de exclusión que han sido implementadas en América Latina. Esto provocó que surgieran instituciones con vocación de apoyar lo que ya existe y promover la expansión de esta economía solidaria, también como un esfuerzo político de generar inclusión social, que la gente pueda hacer ejercicio de su derecho al trabajo. En América Latina la economía solidaria es una realidad que adquiere múltiples formas, algunas de las cuales se dirigen al mercado y otras permanecen en un circuito “interno” o solidario, por definirlo de alguna manera.

Esta actividad debe ser reconocida y luego fomentada por el Estado, ya que aporta una contribución esencial a la sociedad.

 

-¿Es lo que habitualmente los economistas designan como el “sector informal”?

-Esa es una categoría con la que discrepo, porque supone que el problema se solucionaría formalizando esa economía “paralela”, remitiendo la contradicción a los términos de capital y Estado, eliminando lo que en mi opinión es la verdadera contradicción: capital versus trabajo. Esta lógica formal-informal supone que es el Estado, con sus procedimientos de formalización “demasiado costosos”, el que genera trabas a la economía por lo que es necesario “aligerarlos” o “modernizarlos”. Pero ése no es el fondo de los problemas económicos que padecemos. Hay además una concepción discriminante detrás de ese concepto, porque el llamado “informalismo” puede carecer de reconocimiento jurídico, pero no por eso deja de ser responsable con las instituciones y con el país, y muchas veces hasta tributa de maneras indirectas.

 

-¿Puedes poner algunos ejemplos de práctica de economía solidaria?

-Hay dos campos básicos en la economía solidaria. Uno es la producción de bienes y servicios para el mercado, a partir de la necesidad de vastos sectores de nuestra población latinoamericana de hacer ejercicio de su derecho al trabajo. En toda América Latina hay una experiencia diversa y rica de prácticas productivas asociativas. Hablamos desde comunidades nativas o indígenas, ancestrales, de empresas recuperadas por sus trabajadores y trabajadoras, de cooperativas agrarias, agroprocesadoras, de financiamiento y otros emprendimientos para generar recursos productivos que permitan insertarse en el mercado. El otro campo es el de la producción de servicios de bienestar. En el modelo neoliberal hegemónico ocurre la renuncia del Estado a proveer los servicios sociales elementales para una gran parte de la población; ante eso, América Latina es rica en iniciativas comunitarias y sociales que permiten paliar esa ausencia en los ámbitos de la educación, la salud, la seguridad alimentaria, entre otros. Una particularidad de estos emprendimientos es que la mayoría están liderados por mujeres, que son los agentes principales en este proceso de la economía solidaria. Esta actividad debe ser reconocida y luego fomentada por el Estado, ya que aporta una contribución esencial a la sociedad. La economía solidaria no está cerrada al mercado, hay sectores que producen rentabilidad, ganancias, pero la intención es apropiarse de la economía para darle un contenido en el cual el ser humano, el trabajador, la trabajadora, la familia productora, ocupen el centro del ordenamiento con base en valores como equidad, solidaridad, términos equitativos en la distribución, desarrollo integral de las comunidades y las personas.

En el ámbito de la salud, por ejemplo, existen iniciativas que van desde un botiquín comunitario, promotores y promotoras de salud en las comunidades, farmacias mutuales, hasta dispensarios y policlínicas. En la seguridad alimentaria, que es el que incumbe sobre todo a los sectores más deprimidos que procuran resolver esa carencia de forma asociada, comunitaria, puedo mencionar en Perú los Comedores Populares Autogestionarios, formados principalmente por mujeres que tienen una producción diaria de menús y que implican toda una organización interna de autoabastecimiento, y también de atención al público general. En el sector agrícola, la presencia de emprendimientos autogestionados es muy nutrida, algunos casos volcados a la exportación bajo términos de comercio justo, como lo hace, por ejemplo, la Junta Nacional del café en el Perú, una organización afiliada a la UITA.

En el campo educativo podemos mencionar las comunidades de aprendizaje y estudio que se han dado en el mundo sindical de manera autogestionaria, y que se replican a nivel comunitario, a veces con esfuerzos más específicos que generan iniciativas de educación, capacitación y promoción del conocimiento, la información. También podemos mencionar a un sector artesanal caracterizado por asociaciones de productores que por esta vía consiguen una diversidad productiva y mejores condiciones de comercio y exportación.

 

-A fin de noviembre está previsto un encuentro de economía solidaria llamado Lima+10 del cual GRESP es anfitriona. ¿Qué ocurrirá en esa ocasión?

-Lima+10 tiene dos objetivos principales. El primero es concertar una agenda de acción para el fortalecimiento del movimiento de economía solidaria de América Latina y el Caribe partiendo de la base de que somos organizaciones que creemos que ésta es una forma de resolver algunos de los problemas concretos de nuestra gente. Están invitados los productores, las entidades de promoción, los académicos, entre otros. Una segunda pretensión del encuentro es definir participativamente los procedimientos que deben orientar la conducción de una red que pretende promover la economía social y solidaria a nivel mundial. Es la oportunidad para definir entre los latinoamericanos cómo queremos animar ese proceso de institucionalización a nivel intercontinental, para que lo que se genere a esa escala sea funcional al fortalecimiento de las experiencias regionales y locales.

Quiero aclarar que se llama así porque en 2007 se conmemoran los diez años del Primer Simposio Internacional de Globalización de la Solidaridad que ocurrió en Lima, y que permitió reunir experiencias de varios continentes con el propósito común de pensar alternativas y fortalecer experiencias contra un modelo neoliberal, que no genera beneficios para la mayoría de la población. Quisimos enfrentar el individualismo como propuesta ético-cultural, dando un paso para generar una globalización de la solidaridad, de una cultura solidaria. De manera inusitada el Simposio provocó una respuesta internacional muy positiva, y la réplica fue un proceso que luego siguió en Quebec, Canadá, en 2001, después en Dakar, Senegal, en 2005, y que continuará en 2009 en Luxemburgo, cuando tendrá lugar el próximo encuentro mundial de RIPESS.

En Montevideo, Carlos Amorín

© Rel-UITA

18 de octubre de 2007

 

 

 

Fotos: Lucía Iglesias

 

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