Con Lidia Mamani, de la Federación Nacional de Campesinas “Bartolina Sisa” de Bolivia

  

La rebelión de las mujeres

 

-¿Puedes describirme la Federación que integras?

 

-Es una organización nacional con sede central en La Paz y centros locales en cada uno de los nueve departamentos de Bolivia. Estos departamentos tienen su estructura interna. Yo soy secretaria ejecutiva de las mujeres campesinas originarias de Potosí. La Federación existe desde 1980.

 

-¿Cuáles son los antecedentes de la organización?

 

-Son mujeres que hace mucho tiempo decidieron rebelarse contra las políticas oficiales de instituciones de gobierno y de ONG que no contemplaban nuestros derechos. Se luchó por un espacio en las decisiones, en la actuación pública, Las mujeres debemos ser tomadas en cuenta. El gobierno ha reconocido nuestra organización y desde entonces.

 

-¿Quién fue Bartolina Sisa?

 

-La esposa de Tomás Túpac Catari que fue un caudillo de los campesinos. Ella luchó junto a él en los años 40. Estamos afiliadas a la Confederación Sindical de Campesinos de Bolivia.

 

-¿Qué resaltarías de estos 25 años de vida institucional?

 

-Hemos promovido numerosas leyes sobre la protección de los derechos de las mujeres campesinas, especialmente el derecho a la propiedad de la tierra que antes nos estaba vedada, el derecho a integrar las listas a la elecciones generales y municipales en porcentajes que varían desde un 35 a un 50% según el ámbito electoral. En las comunidades, como en la sociedad en general, aún hay mucho machismo. Los compañeros declaran que tenemos derecho a participar y decidir, pero en la práctica no nos valoran. Igualmente tenemos muchas concejalas, alcaldesas, diputadas, hay senadoras y tenemos un viceministerio de la Mujer. Estamos luchando para que tenga rango de Ministerio con un presupuesto propio.

 

-¿Qué papel ocupa la mujer en el trabajo rural?

 

-Trabajamos más que el hombre en la producción del campo, porque la crisis económica ha provocado que muchos hombres hayan emigrado a la ciudad en busca de trabajo para mantener la familia, mientras las mujeres nos quedamos en el campo cuidando los cultivos y criando nuestros hijos. Nosotras nos definimos como mujeres trabajadoras porque hemos recuperado nuestra autoestima.

 

-¿El hombre abandona a la familia?

 

-De hecho sí, porque suele aparecer cuando tiene licencia, en feriados especiales. Pero es normal que la mujer asuma responsabilidad sobre sus hijos y hasta sus nietos. Los hombres envían dinero, pero nunca es suficiente.

 

-¿La tierra no da el sustento suficiente?

 

-No ocurre eso en toda Bolivia. Hablo de Potosí, que está en el altiplano y no quedan montes, no llueve, son todos minifundios. Desde la reforma agraria de 1950, cuando nuestros padres recibieron 15 o 20 hectáreas, las propiedades de los campesinos se han ido achicando porque había que dividirlas entre hijos, nietos. En aquella época no había agua potable, no había electricidad ni comunicaciones, no había escuelas. Además, las mujeres no recibíamos instrucción formal y sí los varones. Mi madre, por ejemplo, no habla ni una sola palabra de español. Ahora estas cosas han cambiado gracias a nuestras luchas. Por eso en esta zona las mujeres ocupamos un papel tan relevante, ya que somos el pilar de nuestras comunidades que están agrupadas en sindicatos y en centros campesinos. Allí somos todos iguales, tenemos un secretario general que es un hombre, pero todos somos el sindicato.

 

-¿Había escasez de alimento antes de la colonización?

 

-La división del territorio desde la creación de la República de Bolivia ha sido muy negativa para nuestras formas de vida, porque las comunidades han quedado políticamente divididas en provincias y departamentos. Nuestros abuelos no vivían entre límites políticos sino que se diferenciaban porque unos estaban en la altura, otros en el valle y otros en la Amazonia. Ellos caminaban en las tres partes: los que producían papa venían a trocarla con los que producían maíz y más adentro con maní, y así sucesivamente. Esto ya no existe. En la Amazonia, en los valles y las punas todas las tierras tienen dueños y ya no hay dónde pasar. Antes había trueque, pero ahora hay sólo dinero.

 

-¿Hay quien quiere recuperar esas tradiciones?

 

-En relación con la tierra parece difícil, pero en otras cosas sí se puede. Hasta la actualidad hay grupos grandes que mantienen sus ropas y hábitos tradicionales, con su economía, sus cultivos. Quedan muchos que viven como antes, pero tienen dificultades para sobrevivir.

 

Carlos Amorín

© Rel-UITA

Febrero 2005

 

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