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Los cultivos orgánicos del granjero John

  

"México me ayudó a reconectarme con la tierra", dice John Anderson, protagonista de un laureado documental sobre los desafíos que enfrentan los pequeños productores agrícolas en Estados Unidos.

 

La vida excéntrica del productor agrícola John Anderson, del central estado de Illinois, es el eje de un premiado documental que rastrea el declive de las granjas familiares de Estados Unidos y, en un giro sorpresivo, muestra su resurrección.

 

"The Real Dirt on Farmer John" es la historia personal de Anderson quien enfrentó la bancarrota, la pérdida de la mayor parte de sus tierras y acusaciones de ser un "satánico" vendedor de droga. También es la crónica de los enormes desafíos que los granjeros afrontan en Estados Unidos.

 

Desde 1930, la familia Anderson había trabajado exitosamente unas 146 hectáreas de tierra a unos 160 kilómetros al norte de Chicago. Pero su idílica forma de vida terminó en los años 80 cuando la crisis de los precios internacionales de los granos llevó a la quiebra a la mayoría de pequeños productores como Anderson.

 

Pese a sus dificultades aparentemente interminables, el granjero encontró la salvación y la inspiración en un lugar sorprendente: México. Tras una profunda depresión, una visita casual a este país derivó en una estadía de dos años en la que comenzó a recuperar su pasión por las tareas agrícolas.

 

Volvió entonces a su hacienda de Illinois con planes de ser el primer productor orgánico de la zona. Su granja, llamada "Angelic Farms", es ahora una de las más exitosas de su tipo en Estados Unidos.

 

Anderson dialogó con Tierramérica durante la presentación del documental sobre su vida durante el Festival Internacional de Cine y Vídeo Ambiental de Toronto, que culminó el 2 de octubre.

 

-¿Cómo influyó el tiempo que pasó en México en su decisión de convertirse en productor orgánico?

-La cultura mexicana es más vibrante y se siente mucho más cercana a la tierra. Uno puede verlo en la arquitectura y en el modo en que la gente se viste y vive. Estados Unidos tuvo mucho de eso en un momento, pero hace tiempo ya. La agricultura de Estados Unidos es solitaria y está desolada. Los cultivadores mexicanos me ayudaron a reconectarme con el suelo y encendieron una nueva pasión y la determinación de sembrar auténticos cultivos orgánicos.

 

-¿Cuáles son los problemas de la actual política agrícola de Estados Unidos?

-El gobierno federal de Estados Unidos está muy conectado con las corporaciones agrícolas. Mucha gente con altos puestos en el gobierno ha trabajado para grandes compañías de agroquímicos, como Monsanto y otras. Como resultado, la política del gobierno está inclinada hacia las enormes operaciones agrícolas, las empresas de productos químicos y la bioingeniería de los cultivos. Por otro lado, dentro del gobierno hay un creciente apoyo a la agricultura orgánica, porque el público la pide. Es diminuto, pero está creciendo.

 

-¿Cuán difícil es para los cultivadores estadounidenses pasar de la agricultura tradicional a la orgánica?

-Cultivar sin productos químicos requiere diferentes habilidades y una mentalidad diferente. El suelo se vuelve dependiente de los fertilizantes artificiales y padece un síndrome de abstinencia, como les sucede a los adictos a las drogas. Así que uno tiene que superar ese periodo, lo que puede llevar tres años. Y entonces uno tiene que hallar un mercado para sus cultivos. Uno tiene que estar medio loco para dedicarse el tiempo suficiente como para hacer que funcione.

 

-¿Cuál es el futuro de la agricultura en Estados Unidos?

-El auge del mercado de productos orgánicos, con su 25 por ciento de prima, resulta ahora muy atractivo para las grandes corporaciones. En vez de que los productos orgánicos conduzcan a un resurgimiento de las granjas familiares con gente que trabaja cerca de la tierra, pueden terminar fomentando la producción a gran escala por parte de las corporaciones. Me gustaría ver de nuevo pequeñas granjas salpicando el paisaje y me encantaría que fueran viables, pero no sé si va a resultar.

 

Stephen Leahy

La República

11 de octubre de 2005

 

 

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