Paraguay

Francisco de Paula Oliva,

Sacerdote Jesuíta

 

 

 

Segunda carta abierta

 al Presidente de la República

 

 

Con todo respeto a su cargo, deseo expresarle el pensamiento de muchos ciudadanos del Paraguay que seguimos cada día más preocupados por la falta de respuesta al problema campesino. La fuerte represión, que integra el uso de la fuerza de policías y militares en grado extremo (golpizas, heridas de bala de acero y de plástico, destrucción sistemática de los pocos bienes y ropas de los campesinos y sus familias, algunas violaciones, detenciones y malos tratos en ellas...) no soluciona nada. Más bien están enconando el problema. Y las mentiras o verdades a medias de mucha prensa oral, escrita y televisada tampoco contribuyen a un clima pacificador.

 

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Paraguay

2-12-2004

Con el Paí Oliva, sacerdote jesuita

"El campesino se cansó"

 

Por Gerardo Iglesias

 

Los campesinos del Paraguay profundo, son también, ciudadanos de primera categoría, aunque relegados durante siglos y explotados siempre. Y precisamente en el gobierno de usted hoy, como antes, parecen no tener sitio en nuestra Patria. Se ha optado por un modelo agroexportador de cultivos sin campesinos. Y ahora están haciendo lo único que les queda: movilizarse para exigir justicia.

 

Que, entre ellos, existan algunos inadaptados sociales, puede ser. ¿Pero, dónde no los hay? Que, fuera de ellos, "pescadores de río revuelto" quieran hacer su agosto, no empaña su causa.

 

El campesinado pobre del Paraguay, tal vez el 40% de la población, no tiene tierra suficiente, tampoco ayuda técnica, ni rutas para sacar sus productos cuando los hay, ni mercados a donde llevarlos cerca, ni organización del estado para llevarlos fuera. Tampoco tiene créditos baratos ni precios justos. Los jóvenes campesinos no tienen, en las circunstancias actuales, posibilidad de conseguir tierras para cultivar, ni aun los que estudiaron en escuelas agrícolas. De los 135.000 niños que este año no fueron a clase, la mayoría eran del campo.

 

Señor Presidente: todo esto usted lo sabe mejor que yo. Ellos, como todos los que vivimos en este Paraguay, somos iguales en dignidad y derechos. Pero, para ser iguales –los menos iguales en bienes– por equidad han de recibir un trato preferencial que los equiparen al resto de los ciudadanos. Al que tiene menos hay que ayudarle más. Usted tiene en sus manos el dar un principio de solución a todo este desafío.

 

Y como la esperanza es lo último que se pierde, queremos ver ya un gesto. Haga poner en libertad a todos los campesinos presos. Envíe de vuelta a los militares a sus cuarteles. Presida personalmente una mesa que resuelva con "equidad" la falta de tierra, créditos, rutas, apoyo técnico y mercados del campesinado. Todavía estamos a tiempo antes de que venga un peligroso estallido social que nadie quiere y que a nadie hará bien.

 

Hacer todo esto sería celebrar una verdadera Navidad cristiana.

 

Atentamente,

 

 

Sacerdote Francisco de Paula Oliva (Paí Oliva)

7 de diciembre de 2004

 

 

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