Panamá

Los trabajadores de Panamá

 

Están en todas partes,  nada se mueve en el país sin su participación,  y sin embargo  apenas se ven. Son los trabajadores panameños, ese grupo social integrado por los hombres y mujeres entre 15 y 65 años - algo así como un millón cien mil de personas - sobre quienes recae el peso de todas las actividades productivas en el país, y que aportan también la mayor parte de los ingresos que recibe el Estado a través de los impuestos que pagan.  

 

N o constituyen un grupo homogéneo, sino que se dividen en sectores diferenciados por su tipo de relación laboral y su grado de organización. Están, por ejemplo, los trabajadores urbanos de la industria, el comercio y la construcción que cuentan con organizaciones sindicales. Entre 1950 y 1980 su número creció con rapidez, aunque ese crecimiento se detuvo primero, y ha venido revirtiéndose a partir del ajuste estructural. Aunque su número actual es relativamente pequeño respecto al total de trabajadores del país, el hecho de que están organizados les confiere un peso de cierta importancia en la vida de nuestra sociedad.

Cercano a este grupo se encuentra otro, pequeño pero muy importante, conformado por los trabajadores de la Autoridad del Canal de Panamá. Tienen la más alta calificación técnica y los mejores ingresos y condiciones laborales. Sin embargo, aunque están organizados desde hace mucho tiempo en sindicatos vinculados a organizaciones laborales norteamericanas, su relación con la vida política del país es apenas marginal. Otro sector, muy grande, es el de los funcionarios públicos. Son unos 180 mil, con salarios por lo general muy bajos, condiciones de trabajo con frecuencia precarias, sin ninguna garantía verdadera de permanencia en el empleo, y sin más representación que la de asociaciones de empleados y organizaciones gremiales que reúnen apenas a una fracción del total de los integrantes de ese sector.

Luego están los dos grupos menos visibles. Uno es el de los 275 mil trabajadores del campo. Su trabajo produce menos del 10% de la riqueza nacional, lo que da una idea de las condiciones de atraso del sector agropecuario panameño, y de la pobreza en que viven, que abarca a siete de cada diez habitantes del mundo rural. Entre ellos se ubica, también, el grueso del cuarto de millón de trabajadores panameños carentes de la educación necesaria para seguir instrucciones escritas y desempeñar tareas de mínima complejidad.

La pobreza del campo, y el deterioro del mundo urbano, por otra parte, han venido nutriendo a otro grupo, ya muy numeroso, y que ha venido creciendo con rapidez en los últimos años. Se trata de los trabajadores por cuenta propia, vinculados a lo que los especialistas llaman el "sector informal" de la economía. Ganan muy poco, sus ingresos son irregulares, sus condiciones de trabajo son muy precarias y carecen de toda forma de organización que los represente y vele por sus intereses.

La novedad más llamativa dentro de este sector informal la constituye el creciente número de profesionales y técnicos que antes formaron parte de la llamada clase media - o aspiraron a incorporarse a ella -, y que ahora se encuentran sometidos a condiciones de trabajo y niveles de ingreso cada vez más parecidos a los del resto de los trabajadores urbanos. Con frecuencia trabajan por cuenta propia, o por contratos de corto plazo, que no les garantizan ni ingresos adecuados ni estabilidad en el empleo. Y aún así, si los trabajadores del Canal constituyen la aristocracia obrera del país, estos profesionales en vías de proletarización forman la aristocracia del sector informal.

Este enorme sector de la población tiene una influencia muy escasa en la vida nacional. Se trata de una mayoría social que es, de hecho, una minoría política. Y lo seguirá siendo mientras cada uno de sus sectores no llegue a encarar como propios los problemas de cada uno de los demás, y vayan todos construyendo una plataforma de lucha común por el derecho al ejercicio pleno de su condición de ciudadanos.

De esos derechos, ninguno es tan importante como el de organizarse, sin el cual no hay verdadera participación posible en la vida social y política del país. Tan es así, que puede afirmarse que la ausencia de organizaciones que representen a la mayoría de los trabajadores, junto a la debilidad de las que representan a la minoría organizada, es el problema mayor que tiene ante sí este sector fundamental de nuestra sociedad, y es también el obstáculo mayor a la construcción de una sociedad realmente democrática en Panamá.

Aquí, la responsabilidad más importante le corresponde sin duda al sector con mayor tradición y experiencia en este terreno: en este caso, los trabajadores manuales e intelectuales del mundo urbano. Esto requiere plantear, discutir y encarar problemas como la creación de sindicatos de trabajadores del Estado; la vinculación de los empleados del Canal al resto de los trabajadores del país; el desarrollo de formas novedosas de organización y participación de los trabajadores informales del campo y la ciudad, y la incorporación de los intelectuales y profesionales en proceso de proletarización al movimiento de los trabajadores.

Se trata, en suma, de crecer con el pueblo para ayudarlo a crecer. Sólo así será posible que el peso de los trabajadores en la vida política y social de Panamá se acerque al que ya tienen en la vida económica del país. Y esto es imprescindible, además, para enfrentar con esperanza de éxito la crisis que nos amenaza a todos. Ese es el verdadero sentido en que cabe entender la necesidad de un pacto social en Panamá. Pero si los trabajadores no están organizados no podrán formar parte de acuerdo alguno, y si ellos no están allí, poco de social habrá en ese pacto. Aquí, como dicen nuestros mayores, si la cosa fuera fácil ya estaría hecha. Por eso mismo, como la tarea es difícil, será mejor iniciarla ya.

Guillermo Castro H.
Convenio La Insignia / Rel-UITA

17 de mayo del 2004

 

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