Con Emmanuel Reynaud*

OIT: Protección social para todos entre el reto y las políticas

 

 

Sólo el 20 por ciento de la población mundial se beneficia de una protección social adecuada y más de la mitad no está amparada por ningún régimen de protección.

 

-En los países industrializados, ¿qué repercusiones han tenido en los sistemas de protección social los cambios económicos y sociales ocurridos en los últimos decenios?

-Los países industrializados han salido del período de pleno empleo en el curso del cual se establecieron los sistemas de protección social existentes. La economía de servicios que está surgiendo crea mayores desigualdades y no genera aumentos en la productividad comparables a los que, en los tres decenios posteriores a la guerra, contribuyeron de manera decisiva al financiamiento de la protección social.

Paralelamente, el proceso de globalización ejerce una fuerte presión en los gobiernos y en las empresas para que reduzcan los costos laborales, incluidas las cotizaciones sociales. Por último, los sistemas de protección social tienen que hacer frente al envejecimiento de la población.

Dos cambios importantes afectan de lleno a la financiación de los regímenes de jubilación: el hecho de que la generación del baby-boom empieza a acercarse a la edad de jubilación, y el aumento paulatino de la esperanza de vida a la edad de la jubilación (aproximadamente un año y medio cada decenio). Se plantea pues la cuestión de cómo distribuir el costo creciente de la financiación de las pensiones de jubilaciones. A escala mundial, los sistemas de protección social de los países industrializados hacen frente a un doble reto: brindar una protección adecuada en un contexto de mayor incertidumbre en el mercado laboral y luchar contra la pobreza y la exclusión social para evitar los procesos de marginación o de desafiliación de una parte de la población.

Esto significa, por una parte, concebir nuevas formas de protección adaptadas a la creciente movilidad de los trabajadores y, por otra, combinar políticas de inclusión social y dispositivos que garanticen unos ingresos mínimos.

 

-¿La problemática de los países en desarrollo es diferente?

-El problema de la insuficiencia de la cobertura social en el mundo en desarrollo no es nuevo, especialmente en los países con una amplia proporción de su población dedicada a la agricultura de subsistencia. Pero hoy en día, la urbanización y la industrialización en esos países pone en tela de juicio las formas tradicionales de protección suministradas por la familia extendida y la comunidad.

El problema se ha agravado, además, debido a la proporción creciente de la mano de obra urbana que trabaja en la economía informal. El empleo informal representa entre la mitad y las tres cuartas partes del empleo total no agrícola en los países en desarrollo.

Existe una necesidad urgente de dotarse de nuevos sistemas colectivos capaces de proporcionar protección a los individuos que ya no pueden recurrir a las redes tradicionales de solidaridad.

En los decenios anteriores, la atención se centraba en las pensiones de vejez y en las prestaciones de largo plazo destinadas a garantizar la seguridad de los ingresos tras el cese de la actividad. Actualmente, las prioridades se inscriben en una perspectiva de corto plazo y se refieren a la salud y a la compensación inmediata de la pérdida de ingresos. Esta tendencia es más clara en los países más pobres debido a la esperanza de vida limitada y a las consecuencias del VIH/SIDA.

Pero más allá de las distintas opciones en cuanto a los contingencias que hay que cubrir prioritariamente, la magnitud de las necesidades y la debilidad de los regímenes de protección en los países en desarrollo, inducen a ampliar el concepto de seguridad social para abarcar las necesidades básicas como el acceso a la alimentación y al agua, a la atención de la salud, la vivienda y la educación.

En los países pobres en los que el Estado tiene una capacidad limitada, la puesta en práctica de iniciativas comunitarias parece constituir una solución prometedora. Sin embargo, esos sistemas no deben fragilizar los regímenes legales existentes, ni organizar una solidaridad separada entre los pobres. Se trata más bien de integrarlos en una política nacional coherente de extensión de la protección social

 

-¿Se han encontrado vías innovadoras de extensión?

-Los países en desarrollo que han conseguido extender la protección social a las poblaciones no cubiertas han utilizado una amplia variedad de instrumentos.

Una de las estrategias utilizadas para cubrir a los trabajadores de la economía informal consiste en establecer diferentes categorías entre los trabajadores, según sus necesidades, su capacidad contributiva y sus condiciones de trabajo y de integración, que pueden ser muy diversas.

Por ejemplo, en Uruguay, se han identificado tres categorías de trabajadores que se enfrentan a problemas concretos debido al carácter precario e informal de su trabajo, a saber, los trabajadores de la construcción, los trabajadores domésticos y los trabajadores independientes, y se han definido medidas específicas para cada una de ellas.

Un nuevo tipo de programas suscita también un interés creciente. Básicamente, esos programas se centran en los hogares pobres y condicionan la concesión de prestaciones en metálico a que los interesados sigan ciertos comportamientos o prácticas, como enviar asiduamente a los niños al colegio, acudir regularmente a los centros de salud y participar en programas educativos. La idea es combinar una ayuda financiera inmediata con un enfoque de largo plazo, con el objetivo de mejorar la educación y la salud de las familias pobres.

 

-¿Existe algún tipo de "fórmula única" en materia de política de protección social?

-La situación que prevalece actualmente en el mundo induce a adoptar un enfoque más amplio respecto de la protección social a fin de satisfacer las necesidades esenciales para llevar una vida digna, por una parte, y potenciar la capacidad de las personas y favorecer su inserción social, por la otra.

Pero no existe un sistema ejemplar que pueda presentarse como un modelo finalizado. En todos los países en que ha experimentado un amplio desarrollo, la protección social no deja de evolucionar a la par de la sociedad y debe ser replanteada constantemente a efectos de ajustarse a la evolución demográfica, a los avances de la medicina, y a los cambios en la economía y en los modos de vida.

Así pues, el problema de los países con poblaciones expuestas a inseguridad económica y social no es "alcanzar" la situación de otros países que podrían servirles de ejemplo, sino definir su propio camino, es decir, apoyarse en sus valores y sus conocimientos propios para implantar sistemas de solidaridad que se adapten a su situación y se correspondan con las prioridades que ellos mismos se hayan fijado.

 

Comfia

8 de noviembre de 2006

 

*  Consejero sobre la economía informal, Sector de Protección Social de la OIT.


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