Hacia otro género de desarrollo (VI)

La cuestión de género

en la cooperación al desarrollo

Priorizar la igualdad entre mujeres y hombres en la cooperación al desarrollo es una forma de lograr la eficacia y eficiencia de la ayuda pero, sobre todo, es un principio de justicia social.

 

Esto no se logrará únicamente con declaraciones políticas, acuerdos y compromisos internacionales, también es necesario cambiar hábitos y actitudes en nuestro entorno, generar una conciencia política de género que implique cambios en la forma de ver la realidad, voluntad política institucional que implique asignación de recursos humanos y financieros y, por encima de todo, consultar y escuchar a las propias mujeres.

 

Las mujeres ganan espacio

 

Han transcurrido tres décadas desde las primeras voces en contra de la exclusión de las mujeres en los procesos de desarrollo y hoy podemos decir que, tanto las mujeres del Norte como las del Sur, han ganado un espacio como protagonistas. Ha habido avances, pero también retrocesos, en un contexto mundial marcado por el proceso de globalización, las políticas neoliberales y por conflictos que generan mayores desigualdades.

 

Paralelamente nos encontramos con los compromisos firmados en la Cumbre del Milenio convocada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000. En esta Cumbre se marcaron los objetivos del desarrollo para las primeras décadas del siglo XXI, adoptados por países receptores y donantes que son la referencia de lo que se considera posible y deseable para el mundo en desarrollo. Entre los objetivos figura el compromiso de superar las desigualdades entre mujeres y hombres que constituye una responsabilidad internacional ya desde la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de 1995.

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2-06-2004

Hacia otro género de desarrollo (V)

 

Género y Salud

 

Por María Minondo

 

Tampoco es nada nuevo que desde hace algunos años la integración de las mujeres en el desarrollo ocupa un lugar primordial entre las preocupaciones de las organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, resulta un poco ambiguo porque, de hecho, las mujeres siempre han estado integradas en el desarrollo de sus países, pero su contribución ha sido sistemáticamente ignorada lo que repercute en la práctica de políticas, acciones, proyectos y programas de cooperación.

 

Una historia que sigue siendo realidad

 

En los años 70 se constata que las mujeres no se benefician de igual forma que los hombres de los programas de ayuda puestos en marcha después de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, el proceso de modernización y mecanización colocaba a las mujeres en una posición de marginalidad siendo las primeras en perder su empleo.

 

Corriente Tradicional. Los proyectos de cooperación, incluso los formulados por las ONGD, más que combatir esa tendencia la reforzaban. Se consideraba a las mujeres sujetos pasivos del desarrollo, reconociéndoles únicamente su papel reproductor, como madres y cuidadoras a las que había que asistir como grupo vulnerable. Su objetivo era la capacitación de las mujeres para un desempeño más eficaz de las tareas domésticas. En general, se promovían todo tipo de proyectos relacionados con salud materno-infantil, ayuda alimentaria, costura o artesanía, sin incorporar a las mujeres en nuevo sectores laborales.

 

Corriente Mujer en Desarrollo (MED). Hacia mediados de la década de los 70, surge una nueva moda de la mano de expertos en desarrollo: "proyectos de generación de ingresos" dirigidos a las mujeres. En todos los lugares del mundo las mujeres han intentado buscar la forma de ganar dinero para sobrevivir pero lo curioso o nuevo era el interés internacional por este tipo de actividades y el hecho de que fueran reconocidas como un fenómeno económico. A menudo se consideró que era la solución ideal sin tener en cuenta las leyes y las restricciones culturales y económicas a las que las mujeres están sometidas.

 

Si procedemos a un análisis general de los proyectos de generación de ingresos, vemos que la mayoría son de corta duración, rara vez se extienden a otros productos, requieren trabajo intensivo, son económicamente viables para un número restringido de mujeres y generalmente éstas conciernen al sector informal.

 

Estos proyectos de generación de ingresos sin otros componentes como capacitación en gestión, contabilidad, etc., pueden reforzar las desigualdades de género y quitarles a las mujeres el control sobre el beneficio de los mismos

 

A principios de la década de los 80 se hizo evidente el papel crucial de las mujeres considerándolas contrapartes e interlocutoras imprescindibles para cualquier proyecto. Fueron consideradas como sujetos activos  o agentes de desarrollo.  Este reconocimiento coincide con la crisis económica mundial, deuda externa y programas de ajuste estructural del FMI, así como con el auge de una filosofía de libre mercado en las agencias de donantes. Se considera que es mano de obra desperdiciada con un potencial productivo a explotar. Al mismo tiempo, se afirma que con su incorporación al mercado laboral y a la obtención de ingresos se logrará superar la desigualdad de género.

 

Esta estrategia considera a las mujeres piezas clave para llegar al desarrollo y esto se plasma en proyectos y programas de microcréditos, microempresa, mano de obra en las manufacturas para la exportación y agricultoras que podrían solventar la crisis alimentaria en el África Subsahariana, trabajo comunal gratuito, comedores populares, etc.

 

En general, estos proyectos han promocionado acciones asistencialistas, sin tomar en consideración posibles soluciones para terminar con la subordinación de las mujeres. Si bien hay que reconocer la importancia de su acción social, muchas veces contribuyen a incrementar el trabajo no remunerado de las mujeres. En la actualidad sigue siendo muy popular este tipo de estrategia de proyectos.

 

Corriente Género en el Desarrollo. En esta misma década de los 80 surgieron las críticas feministas a las estrategias de desarrollo y a los fracasos de las intervenciones dirigidas a mejorar las condiciones de las mujeres. Constataban una cierta acomodación, un reconocimiento simbólico, carente de presupuesto y compromiso político que  generaba marginación en sus vidas y relaciones. En definitiva, que no era suficiente que las mujeres se integraran en el mercado laboral o accedieran a un ingreso para conseguir su autonomía y acceder a las mismas oportunidades que los hombres.

 

El nuevo enfoque surgió a iniciativa de las mujeres del Sur y tiene como objetivo el reparto y mayor acceso de las mujeres al poder. En definitiva, propone la mejora de la condición (situación material en que viven: salarios bajos, escasa nutrición y falta de servicios de salud, educación y capacitación) y posición (status social, político y económico) de las mujeres.

 

Esta nueva corriente considera a las mujeres como agentes de su propio desarrollo y está vinculado al concepto de “Desarrollo Humano Sostenible” centrado en las personas que reconoce la desigualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres como obstáculos para el desarrollo. Una noción de desarrollo que tiene que ver con el empoderamiento, la participación política, la ciudadanía, los Derechos Humanos.

 

En la actualidad, todos estos modelos o enfoques coexisten, se siguen realizando proyectos como los anteriormente mencionados. En una misma ONG se pueden estar desarrollando proyectos en los que se mantenga la tradicional división de roles entre mujeres y hombres y proyectos que estén trabajando por cambiar las relaciones de desigualdad.

 

Itziar Hernández Zubizarreta*

Agencia de Información Solidaria

4 de junio de 2004

 

 

* Especialista en género y desarrollo del Instituto Hegoa

Colaboradora de la Revista Sur de la ONG Medicus Mundi

 

 

 

 

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