delta & pine

Las Semillas de la Muerte

Basura tóxica en Paraguay

 

 

Delta&Pine: omnipotencia fatal

 

 

El 9 de febrero de 1999, la Delta&Pine Paraguay Inc. publicó un remitido institucional en la prensa paraguaya.

 

Este documento probablemente figurará en un lugar privilegiado entre las piezas que integrarán los expedientes de los futuros juicios nacionales e internacionales que deberá enfrentar esta empresa. Desde medias verdades hasta mentiras flagrantes, pasando por una dosis perversa de cinismo y una subestimación neocolonialista del pueblo paraguayo, este remitido lo contiene todo. Pero el exceso de confianza suele ser mal consejero, y puede conducir a los pillos a cometer imprudencias fatales. En ese remitido la Delta&Pine dice solamente dos verdades: que es responsable de la contaminación en Rincon'í, y que las semillas fueron tratadas con plaguicidas.

 

El mismo día en que se publicó el texto de la Delta&Pine, el fiscal de la causa que había sustanciado el juez Ocampos Carballo manifestó oficialmente su discrepancia con el magistrado solicitando la ampliación del sumario y el procesamiento de Eric J. Lorenz, propietario de la Delta&Pine Paraguay Inc.; del ingeniero agrónomo Nery Guzmán Rivas, funcionario de esa empresa; y de Julio César Chávez, propietario del predio contaminado en Rincon'í, por "procesamiento ilícito de desechos" en violación del artículo 200 del Código Penal paraguayo. Asimismo, Ríos reiteró "los pedidos de informes sobre los análisis realizados a las semillas de algodón", que hasta ese momento no habían llegado al juzgado de Paraguarí.

 

También en febrero de 1999 hubo afortunadamente una dependencia estatal paraguaya que reaccionó con sentido común y en concordancia con sus obligaciones, sólo es de lamentar la escasa eficacia de su advertencia. Fue la Dirección de Protección Ambiental del Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (SENASA), dependiente del Ministerio de Salud Pública (MSP). El 12 de febrero de 1999, el diario Noticias informó que el Ministerio de Salud, por intermedio de la Dirección de Protección Ambiental, recomendaba a los pobladores de Rincon'í y Santa Angela que no bebieran agua de sus pozos, pues podían estar contaminadas; a los maestros de la zona a "extremar cuidados cuando comiencen las clases y evitar que los alumnos caminen descalzos sobre los residuos tóxicos, los toquen y consuman agua de los pozos y arroyos del sector". Según Noticias de ese día, "la directora de Protección Ambiental, ingeniera Gilda Torres, afirmó que se está elaborando un plan de emergencia para asistir a las comunidades afectadas".

 

El 16 de febrero de 1999 la ingeniera Torres hizo más declaraciones públicas, y afirmó que a mediados de enero había remitido instrucciones a la Delta&Pine de que trasladara las semillas, y que había emitido comunicaciones en ese mismo sentido al MAG y a la Fiscalía de Medio Ambiente. Anunció que el plan de emergencia para los pobladores consistiría en "realizar un trabajo con el objetivo de prevenir cualquier eventualidad, considerando que existen referencias sobre la peligrosidad de las sustancias utilizadas en el tratamiento de las semillas, tal como lo advierte la empresa Delta&Pine en las bolsas de semillas". Y agregó: "Me sorprende que ahora esa empresa diga que los productos no son tóxicos, cuando ella misma lo advierte claramente, sin ningún lugar a dudas."

 

De lo que no hay lugar a dudas es de que la ingeniera Gilda Torres percibió la gravedad de la situación e intentó movilizar la parte de la estructura estatal que estaba a su alcance.

 

El mismo día en que el diario Noticias publicaba las declaraciones de la directora de Protección Ambiental señalando que se elaboraba un plan de emergencia para atender a los posibles contaminados, y recomendaba que no se bebiera agua de pozos y arroyos de Rincon'í y Santa Angela, el juez Ocampos Carballo dictaba otro fallo inefable, por el que desechaba la ampliación del sumario solicitada por el fiscal Ríos y, de paso, desestimaba los incómodos procesamientos de Eric Lorenz, Nery Rivas y Julio Chávez.

 

Lejos de resultar tedioso, el análisis detallado del dictamen depara momentos de hilaridad; amarga hilaridad, claro, siendo el fondo del asunto una dramática situación para centenares de seres humanos.

 

Esta decisión judicial pudo ser el punto final de esta historia. Lo hubiese sido, sin ningún lugar a dudas, si no hubiesen mediado dos hechos diferentes. El primero fue el interés que expresó la REL-UITA en el caso, por intermedio de la acción de su Regional Latinoamericana representada por su secretario adjunto, Gerardo Iglesias, y el director de su Departamento de Agricultura y Salud, ingeniero agrónomo Sebastião Pinheiro.

 

En el marco de una campaña de educación e información sobre los riesgos de las semillas transgénicas, ambos asistieron el 15 de marzo de 1999 a la Cámara de Senadores, en el Congreso paraguayo, para lanzar oficialmente el trabajo "Transgénicos, transnacionales y un gen llamado Terminator", del propio Pinheiro en coautoría con el secretario de la REL-UITA, Enildo Iglesias. En esa oportunidad tomaron contacto con la situación que se estaba viviendo en Rincon'í y Santa Angela y desde entonces, REL-UITA, con el apoyo local inclaudicable de Pedro Salcedo -secretario de Prensa y Propaganda de la Federación de Trabajadores de la Alimentación, Tabaco, Bebidas y Afines paraguaya (FETRATBA), y miembro suplente del Comité Latinoamericano de la UITA viene realizando enormes esfuerzos dentro y fuera de Paraguay para denunciar el episodio de contaminación y apoyar la movilización de las víctimas. Después del lapidario fallo del juez Ocampos, y cuando todas las puertas parecían definitivamente cerradas, el compromiso de la UITA permitió reavivar el tema y abrir nuevas brechas para su difusión.

 

El segundo hecho, éste de magnitud histórica, fue el proceso revolucionario que vivió el Paraguay durante la vertiginosa última semana de marzo de 1999. El relato de este episodio clave en la vida política paraguaya reciente excede, obviamente, los propósitos de este libro.

 

 

 

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